Heraldo de Cristo, recorriste extensas regiones para sembrar en el corazón de las multitudes el mensaje de la verdad y del bien. Fuiste para todos luz del mundo, confirmando la doctrina de la fe con el martirio.
Alcánzame la gracia de arrepentimiento de mis pecados, vivir en la amistad del Señor, imitar tus ejemplos y morir cumpliendo mis deberes de cristiano.
Defiende la Iglesia de la que fuiste columna firmísima, alumbra a los pastores de nuestras almas, infúndeles el celo y el amor divino y que todos como una gran familia de hermanos, agrademos a Dios, vivamos sirviéndole y cantemos el himno de la alabanza en el cielo por los siglos de los siglos. Amén.